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Es el caso que el mundo está dividido en dos corrientes de pensamiento: progresistas y conservadores y sus infinitas variantes locales. La localidad máxima es la individualidad, que es de donde emana y a donde retorna toda esta tormenta.

En medio de esta tormenta deambula el problema de la verdad, que todos reivindican. Solo existe un lenguaje (no hablo de idioma, hablo del hablar humano con todos sus signos lógicos). El lenguaje es establecer figuras de los hechos. El hombre hace y se hace por los hechos. Las figuras lógicas de los hechos (el lenguaje) es una cosa que hace el hombre del mismo modo que se hace en matemáticas: poniendo puntos. El entendimiento entiende por el lenguaje de los hechos. Los hechos no tienen un lenguaje que ofrecer. Nosotros ponemos el lenguaje, el signo lógico. De este modo el hecho tiene poca entidad por sí mismo, salvo que el lenguaje lo haga acorde a la verdad. Esta concordancia con la verdad es lo que se reivindica de un lado y otro del mundo, o mejor, desde los dos mundos existentes. Estos dos mundos tienen modos diferentes de poner puntos, de forma que puede decirse que incluso existen dos mundos distintos, o incluso más si los hubiese, aunque en su mayoría son variantes de los dos principales.

La concordancia con la verdad no es una topología de los hechos, sino una metafísica individual del lenguaje. Desde estas páginas se defiende la idea de que la concordancia con la verdad se da en una parte existente y presente del hombre pero invisible, donde el encuentro con Dios (o con la Otredad para los no creyentes) es directa y clara. Este sitio se llama Acto (una figura alegórica de esto es la nube de Moisés). La concordancia con la verdad se da no en una forma lógica del lenguaje, sino en cierto sentido derivado de este y al que se le llamada tautología. Se le llama tautología fundamentalmente porque el hombre no puede decir cosas más allá de *el ser es* y tiene que intuir la verdad como un *sentido* en la figura lógica de los hechos. Las tautologías pueden ser alfa o beta en función del tipo de devenir que una cosmología individual produce desde su libertad salvaje interior. Las dos cosmologías que se han identificado como principales son la *deveniente*, porque establece su sentido hacia la pobreza redimida, y la antiproyectada, que establece su sentido hacia la riqueza y su pobreza irredenta derivada como subproducto. La riqueza y la pobreza son *funciones de verdad* parecidas en su funcionamiento a las funciones de verdad de Wittgenstein. Este metalenguaje es el que habla de la parte escondida de las cosmologías individuales, y que no puede ser dicho por ningún lenguaje construido. Este metalenguaje es el Devenir (origen del movimiento y el tiempo visibles). Mientras el lenguaje lógico se mueve en el espacio-tiempo, el metalógico se mueve en un eje perpendicular al anterior y por el que el espacio-tiempo tiene su sentido en sus parámetros de sujeto, objeto y movimiento. Este eje perpendicular establece el espacio de la Otredad, donde mora Dios y establece fundamentalmente el parámetro de devenir como cumplimiento del Misterio en el hombre, o Dios en el hombre. Este cumplimiento no se establece a través de ningún tipo de sujeto-objeto-movimiento lamado Dios o llamado Misterio (antiproyección) sino solo y exclusivamente a través del y en el hombre. Es por este hecho por el que se dice que el hombre tiene la misma libertad que Dios, despreciando la contingencia; o que la Verdad es mayor que Dios, despreciando la fe; o que la fe es mayor que la Verdad, despreciando a Dios... Esta es la soledad y el abandono absoluto del hombre en el plano del ser. Jesús de Nazaret hablaba en parábolas que eran tautologías alfa, pero sabía que había quien le entendía. Esa es nuestra única esperanza, la roca donde afianzar nuestar *confianza radical* como dice Hans Kung. Muchos huyen de esta agonía escondiéndose debajo del cubo trascendental que forma el plano del ser con el eje del devenir, replegándose en exclusiva hacia el plano del ser, donde todo absoluto es medible, incluido Dios. De esta forma se dedican a engordar sus estómagos hasta la hora de la muerte. Al huir de Dios y del Misterio se convierten en depredadores, y pastorean el ser. Miden el absoluto aunque haya pruebas científicas de su imposibilidad o aunque el mismo lenguaje lo prohiba. El hacer del hombre está doblado hacia el espacio del Misterio, aunque esto no le garantice el Devenir (mal llamada salvación); pero sí le permite hacer cosas que solo a Dios están permitidas (lo que al hombre le es imposible, es posible para Dios). Si el lenguaje tuviese la capacidad de decidir lo posible o lo imposible, veríamos a Dios con solo decirlo. Antiproyectar es atraer al Dios de la Otredad para firmar contratos con el hombre: es cumplirse el hombre en Dios (antiprofecía) y no cumplirse Dios en el Hombre (profecía)...

La pobreza redimida es la que contrata y ata solo con el hombre (lo atado en la tierra queda atado en el cielo). La riqueza contrata con el hombre y con Dios. Por eso la pobreza redimida, de la que se habla a través de tautologías alfa, no necesita ningún tipo de fe trascendental, le basta con el hombre para contratar. De este modo cumple el principio de humildad e identidad con Dios: busca lo bueno en sí y en el otro; es capaz de ver y vivir la multiplicidad por el ser. La riqueza y su pobreza irredenta se dicen a través de tautologías beta: necesitan de la fe para poder tener un actor necesario en sus contratos con el hombre. La riqueza debe poder arriostrar el ser en categorías de alejamiento o cercanía a la categoría principal de Dios. No miden multiplicidad de ser sino distancias entre seres, que son en realidad un inefable y no se pueden medir.

El hombre está solo y absolutamente solo, y así deviene en Dios, porque es Dios el que tiene que cumplirse en el hombre (contratos hombre-hombre) y no el hombre en Dios (contratos hombre-Dios). Si quieres tener fe puedes pensar que la soledad del hombre es algo más que soledad.

En la lógica convencional sería tan fácil como usar una función veritativa y comprobarla en un hecho en particular. Para el negocio de la verdad hay que asignarle además una concordancia con el Acto o el Misterio. Para los creyentes hay una función veritativa clásica, que es la pobreza redimida, que es la identidad entre la fe y el sustento y todas las identidades derivadas. La derivada principal es la profecía, que es la ley por la que la verdad se presenta como imperativo categórico. Para que este trueno no destruya al hombre es necesaria la referencia al primer hombre Dios, que es Jesús de Nazaret. Este es el que se lleva todo el trabajo de rescatar a los antiproyectados en sus formas de señor y siervo, y de guiar a los devenientes o profetas. El devenir destruye con inocencia todo el ser y la identidad entre materia y espíritu.

Puedes traducir todo esto a tu lenguaje particular sin perder el sentido. Ojalá te sirva para descubrir a la alimaña y profetices contra ella. Esto último es el afán que acompaña los contenidos de esta página.